“La verdadera vida, la vida al fin descubierta y dilucidada, la única vida, por lo tanto, realmente vivida es la literatura” (Marcel Proust, El tiempo recuperado)

 

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“¿Quién soy?” es una pregunta simple; sin embargo, su respuesta nos evade cada vez que intentamos asirla. Friedrich Nietzsche decía que para descubrir la solución a aquel problema fundamental de la existencia era necesario volver sobre nuestro pasado. Por ello, la pregunta adecuada debía ser, más bien, “¿cómo he llegado a ser lo que soy?”. Según el filósofo, entonces, para esclarecer nuestra identidad tendríamos que indagar, gracias a un trabajo de rememoración, cuáles han sido las experiencias que nos han engendrado a lo largo del tiempo. Identidad e historia, por tanto, serían inseparables. Sin embargo, se requiere un tercer término para tejer ambas series. Un intercesor, en palabras de Gilles Deleuze, que salve los acontecimientos del inexorable flujo del tiempo: la memoria. Y es precisamente ella la que ocupa el centro de las preocupaciones de Sebastián Nieto quien en Mnemotecnica, su primera exposición individual, nos invita a conocer sus técnicas para recordar.

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La memoria almacena las huellas de los acontecimientos vividos; pero, al mismo tiempo, los procesa. Es, por tanto, memoria rom y memoria ram. En este sentido, el contenido disponible en ella es una selección y, por ello, resultado de una saludable dinámica de inclusión y exclusión. De no ser así correríamos la trágica suerte de Funes, el memorioso, quien era capaz de recordar hasta el más mínimo detalle de su vida; o, por el contrario, la de quienes, por haber bebido de las aguas del Leteo, caían en el olvido absoluto. Sin embargo, cabría preguntarse: ¿qué intereses persigue y qué lógica obedece la memoria al iluminar ciertos aspectos del pasado a la par que arroja otros al fondo del inconsciente? La mayor parte de recuerdos que se mantienen en la superficie de la conciencia no depende de nuestra voluntad: hay “alguien” que recuerda y olvida en “nosotros”. Podemos hacer esfuerzos intencionales, sin embargo, lo que estos logran no se compara con lo que la “memoria involuntaria” –esa de la que hablaba Proust– es capaz de hacer. Y es sobre este claroscuro que Nieto construye su obra como un intento por superar la incertidumbre a la que es constantemente arrojado por los juegos de su memoria.

 

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¿Cómo explorar, entonces, un territorio tan inestable y laberíntico como el de la memoria? A lo largo del tiempo, el ser humano ha ensayado innumerables estrategias para enfrentar aquella (im)posible tarea. El arte ha sido una de ellas, pues nos permite poner afuera lo que está adentro, es decir, dialectizar nuestra interioridad: expresarla, observarla, nombrarla. Gracias a las prácticas creativas el afecto se vuelve sentimiento; el sentimiento, expresión; la expresión, figura; la figura, concepto; y el concepto, palabra. Así, este movimiento nos permite pasar de lo inconsciente a lo consciente, del olvido al recuerdo. Pero esta dialéctica no es perfecta, pues, sabemos, a pesar de Hegel, que no todo lo real es racional. En el camino en el que se pliega/despliega la interioridad mucho se pierde, por ello, la rememoración total se hace imposible. Además, con el paso del tiempo, la confusión entre lo real y lo imaginario, entre lo vivido y lo fantaseado, entre lo recordado y lo proyectado, se hace mayor. Las grietas se ensanchan y las zonas sombrías aumentan. Crece la diferencia. Por ello la tarea de analizar(se) es inagotable, como bien intuyó Freud. Y es a partir de esta imposibilidad que se desarrolla la propuesta de Nieto: él sabe que no puede recordarlo todo; y, sin embargo, lo intenta a través de la fotografía.

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Un rasgo universalmente aceptado de la fotografía es su esencial relación con el tiempo, su capacidad para fijar el presente que pasa en una representación otorgándonos, casi instantáneamente –es decir, en el futuro próximo–, una imagen del  pasado. Gracias a ello, se ha convertido, como diría Marshall McLuhan, en una extensión de nuestra memoria. Sin embargo, la fotografía ha sido históricamente restringida a su superficie visual de representación, desactivándose así gran parte de su potencial cognitivo. Para superar los límites representacionales que impone esta concepción reduccionista (straigth photography), en las últimas décadas los creadores han expandido el campo de la fotografía hibridándola con medios como el video, la instalación, la performance y la escritura. En paralelo, las prácticas artísticas han incorporado la noción de archivo, generándose, como dice Georges Didi-Huberman, un “devenir documento” del arte contemporáneo. Crear a partir de archivos (personales, familiares o comunitarios), es una de las vías que ha tomado la creación fotográfica para producir una obra que, más allá de los aspectos estéticos y formales, acceda a las dimensiones históricas y materiales del fenómeno representado. Consciente de estas transformaciones, Nieto ha elegido trabajar, formalmente, en el campo expandido de la fotografía y, materialmente, sobre su propio archivo, teniendo como telón de fondo la esencial relación entre fotografía y tiempo.

 

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De esta manera, los dispositivos estéticos que conforman la exhibición de Sebastián Nieto son autobiográficos. Muestran, por ello, el intento de tejer los fragmentos que le ofrece su memoria, conformada por una multiplicidad de historias que se conjugan en su propia existencia; pero que, al mismo tiempo, se bifurcan y se extienden tan lejos en el horizonte que su memoria no puede abarcarlas. Aparecen, así, entretejidas, la historia del padre y de la madre, del abuelo, de sus amores y de sus amigos. Estos retazos son la materia oscura con la que Nieto trata de (re)construir un sentido para su pasado que le ofrezca algo de consistencia ante las cuestiones que le plantea su presente.

En el proyecto “Mi álbum” Nieto recurre a fotografías de su archivo para acercarnos a un pasaje de su historia familiar. Sin embargo, no está interesado en ofrecernos una narración verídica, pues sabe que esto sería anecdótico (¿a quién le puede interesar, sino a él, un pasaje de su historia familiar?). Como decía Michel de Montaigne, la obra de arte surge cuando logramos convertir un asunto personal (particular) en algo que nos afecta a todos (universal). Para superar la tentación de restituir el pasado, Nieto introduce, a través de procedimientos como la edición, el montaje, la intervención y la escritura, su propia imagen y su propia voz en el álbum, confundiendo el pasado con el presente, la ficción con la realidad –gesto que nos recuerda al trabajo de Duane Michals–. De esta forma, no nos muestra hechos históricamente verificables, sino una atmosfera. O, como decía Deleuze, el acontecimiento del desamor, es decir, de ese final anticipado que anida, por definición, en toda relación amorosa.

En el proyecto que le da el nombre a la exposición, “Mnemotecnia”, abandonando la figuración y la narración, Nieto propone un conjunto de piezas abstractas de mediano-gran formato. A pesar del evidente giro formal, su método de trabajo se mantiene. Gracias a la conjunción de imágenes de diferentes regímenes visuales (fotos de archivo e imágenes hechas a partir de dobles exposiciones) Nieto produce un palimpsesto que evidencia la confusión de los estratos de tiempo que conforman la (su) memoria. Muestra, con ello, que la dinámica mediante la que se conjugan, superponen y traslapan las imágenes del pasado, es impredecible y que, finalmente, lo que sabemos de ese pasado en el presente, es decir, lo que recordamos, es una construcción a posteriori, aleatoria, azarosa, contingente e inestable. Y, por qué no, ficticia.

En el video “(…)”, recurriendo a estrategias que nos recuerdan los trabajos de Bill Viola –por ejemplo, el movimiento que proviene del interior de la imagen, más expresivo que físico; o las transiciones que funden capas visuales y temporales–, Nieto combina imágenes de archivo en las que aparecía con su abuelo con fotografías actuales de un imaginario compartido por ambos. Genera, así, una especie de patchwork visual/temporal que expresa, una vez más, las tensiones de su memoria. La relación con su abuelo estuvo marcada por una paradójica situación espacial: proximidad afectiva y distancia física. Esto lo lleva a re-encuadrar las fotografías de tal forma que él y su abuelo desaparezcan de la representación, dejando solamente el espacio entre los dos. Insiste, con ello, en que el espacio –físico, afectivo, mental, memorial, representacional– es la condición de posibilidad del acercamiento. Lo que presupone, claro está, la distancia.

         

Finalmente, en la serie de fotografías “AM” Nieto nos confronta con una obra minimalista –monocromática, geométrica y abstracta–. Tanto formal como conceptualmente, este grupo de imágenes constituye un descanso en la exhibición. Según palabras del mismo artista, este trabajo nació de su experiencia en un espacio físico y afectivo donde vivió la paulatina disolución de una relación que, como la de sus padres en “Mi álbum”, contaba ya con una fecha de caducidad. En este sentido, las imágenes blancas son expresión del sentimiento de ausencia experimentado por Nieto anticipadamente. Son, por tanto, memoria de un porvenir, recuerdo de un acontecimiento futuro del que, justamente por ello, solo podemos tener aquel espacio vacío, pero potencial.

Summary
RECUERDO, LUEGO EXISTO. TEXTO CURATORIAL PARA LA EXHIBICIÓN “MNEMOTECNIA” DE SEBASTIÁN NIETO
RECUERDO, LUEGO EXISTO. TEXTO CURATORIAL PARA LA EXHIBICIÓN “MNEMOTECNIA” DE SEBASTIÁN NIETO
“¿Quién soy?” es una pregunta simple; sin embargo, su respuesta nos evade cada vez que intentamos asirla. Friedrich Nietzsche decía que para descubrir la solución a aquel problema fundamental de la existencia era necesario volver sobre nuestro pasado. Por ello, la pregunta adecuada debía ser, más bien, “¿cómo he llegado a ser lo que soy?”.
El arte y el diván
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