Cuerpo. Caída. choque…salto…suelo…contacto…el otro.

El tiempo y el espacio se configuran de manera diferente en la búsqueda del movimiento improvisado.  Se devela un cuerpo que esconde un modo singular de simbolización, ajeno a todo esquema constituido.

La improvisaciónen el ámbito de las artes ha devenido un recurso creativo y de experimentación donde la dimensión del tiempo y el espacio confluyen. La incursión de la improvisación en el mundo de la danza corre el eje del posicionamiento gravitatorio, para desbalancearlo, torcerlo, hacerlo caer. La técnica tradicional, la figura erguida, los roles asignados van dejando su paso al develamiento de ese gesto inaudito, al descubrimiento del movimiento con el otro.

La Improvisación implica que el bailarín se deshaga de las ataduras de una coreografía predeterminada, de un texto escrito de antemano. Quien improvisa, ejecuta y crea en un tiempo simultaneo y se anuda al cuerpo del otro, que a través del tacto, el apoyo y la presión, crean el movimiento.

Los años sesenta trajeron en sus aires de cambio, la Improvisación, recibida por la comunidad de bailarines, entre ellos Trisha Brown, Simone Forti, Anna Halprin que junto a Steve Paxton son los grandes exponentes de este movimiento: ContactImprovisation. Quizás sea Magnesium, obra de este último, que en 1972 deja sentada las bases de este movimiento que investiga otras esferas: el choque, el salto, la colisión, la caída.

El movimiento improvisado se transmite de un partener a otro, a través del contacto de sus cuerpos, a partir del tacto, del equilibrio y el cuerpo del otro sirve para generar mi propio movimiento. La percepción interna de este es la que toma las riendas de la creación. Las formas, las figuras, la rutina dejan de cobrar importancia. Lo que genera esa poética, es justamente el contacto-entre-cuerpos. Brota así el movimiento improvisado.

Dos o más cuerpos que improvisan, despliegan una actitud, una determinada orientación del espacio y del tiempo y del partener; así como también una capacidad corporal-muscular que le permite realizar esos movimientos. Quien se sumerge en la dinámica de la improvisación amplía su campo perceptivo en una visión periférica de 180 grados que le permite estar atento a los propios movimientos y a los del otro. Ambos estarán sujetos a lo espontaneo, lo instantáneo y a lo inesperado. Se comprueba que para una fuerza hay múltiples reacciones posibles. Se amplían las posibilidades…se ensancha el espacio, el cuerpo y el otro.

Aquel que improvisa en el mundo de las Artes y de estas Artes del movimiento, genera un estallido sensorial y perceptivo que le posibilita abrir su campo de visión e incluir en él variados objetos, personajes, cuerpos que no estaban presentes en la percepción lineal de la danza tradicional o de la posición erguida.

Se trata de vivenciar la propia corporalidad y la del otro. La Improvisación es un estallido perceptivo de todo el cuerpo. Dirá Pascal Quignard:

“El bailarín es el vagante sin vacilación, sin miedo, sin huida… Su danza es el punto de nacimiento, de descoordinación, de trauma, de vergüenza, de espanto, de desapego…Froberger en el siglo XVII no empleaba la palabra “improvisación” sino que hablaba del instante extemporal. Se deja la línea. Se deja la partitura. El bailarín se vuelve extemporáneo. Se vuelve al punto donde la improvisación improvisa.”

Quien improvisa rolla, salta y tuerce ese destino de trazos rectos, posiciones verticales, y líneas …quien improvisa, vuelve a la danza intrauterina, al suelo, a la perdida de la gravedad y a crear en un mundo con el otro. Inventa un gesto singular, inédito y único.

Los invito a improvisar….

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