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Categoría: Teatro

Afterplay

“Suele llamarse interrelación a la correspondencia mutua entre personas, cosas o fenómenos. Es inevitable que, cuando colocamos una serie de personajes sobre el escenario, se creen relaciones y vínculos entre sí. Les guste o no forma parte de su naturaleza y hasta el personaje más independiente termina por crear un vínculo con alguien o algo. ¿Pero qué sucede cuando esa interrelación no acaba en una sola obra literaria o texto dramático, sino por el contrario se decide continuar la existencia de un personaje en otros espacios narrativos?”

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Teatro y públicos

No todo lo que se presenta en un escenario merece el calificativo de teatral. ¿Quien lo determina? En parte el público, porque este aún cree que el valor de una entrada al teatro, corresponde necesariamente al valor del producto que va a recibir. Cierto público acepta pasivamente disfrutar de lo que ve en escena, por la comparación de valores que pagó en teleticket. Si pagó noventa soles, por ejemplo, por su entrada al teatro, le debe gustar esa obra a la fuerza. Y es probable que ese mismo tipo de público no asista a una sala teatral de barrio donde por pagar poco y no conocer a ningún actor, no califique ese espectáculo como valioso. ¿A qué se debe esa credulidad, sin ninguna ponderación respecto a lo que sus ojos reciben? ¿Tal vez a que su gusto y su pensamiento fueron educados a la estandarización y al conformismo?

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La ficción, el amor y la muerte* (2 parte)

Quizás, la seducción última que ejerce el teatro, resida en que los actores encarnan la figura de la Muerte: con el aspecto inmóvil que otorga la fijeza de sus máscaras y/o caras maquilladas, se sitúan simultáneamente como cuerpos vivos y muertos.
De modo que, la “vitalidad excesiva” de las escenas teatrales, resultan durante el tiempo de su transcurrir, un intento de estetizar y denegar el malestar que genera la muerte.

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La ficción, el amor y la muerte* (I parte)

El teatro posibilita exponer en la escena, a través de las acciones dramáticas, los profundos conflictos existenciales irresueltos.
No obstante, a pesar de los intentos artísticos de organizar discursivamente las caóticas energías pulsionales, que habitan en las profundidades del Ser, siempre insiste un “resto real” no pasible de simbolización, que perdura como causa de constantes y renovadas producciones creativas.

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