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Categoría: Columnas

Sobre “Latencia” de Mafe García

Todo está preparado mucho antes de que abramos los ojos. Los códigos están ahí operando sobre nosotros, operando sobre las cosas. Esperándonos sin que lo sepamos. Su función es hacer que todo lo visto sea siempre un ya-visto. Esta operación pre-subjetiva de normalización de la visión es nuestro autofocus. Gracias a ella, la realidad aparece ante nosotros con suficiente nitidez o, como decía Nietzsche, cualificada verídicamente, es decir, cargada de sentido y de valor. Inteligible. Domesticada. El objetivo de los códigos es disminuir al mínimo tolerable la cantidad de novedad que podría aparecer en nuestro campo de visión.

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“¿Qué es un profesor de literatura?”

Me interesa reflexionar sobre la apuesta ética, estética e impolítica de mi práctica docente tanto dentro como fuera del aula. Procuraré explorar la propuesta de que un profesor (de repente no solo de literatura) es quien llama hacia un deseo de saber, es quien da la posibilidad de que el otro abrace sus búsquedas, sus rumbos hacia el armazón de una imaginación radical y creadora y un pensamiento crítico y autónomo. Estoy convencido –a estas alturas de mi vida- de que esta labor pasa por el amor, entendido como aquel vínculo urdido sobre la gratuidad del don (aunque, de pronto, todo dar sea imposible).

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El padre es una ficción

Para nosotros, desde la orientación lacaniana, el padre es una ficción y este caso da cuenta de ello. Félix tiene cuatro años, llega a consulta derivado por la escuela, consideran que podría ser autista, hace lo que él quiere, no respeta límites. Gritos y patadas acompañan cada ingreso escolar.

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¿Fotógrafos peruanos? Apuntes sobre cómo (no) crear un simulacro

NOTA: este texto fue publicado originalmente el 8 de agosto del 2017. Después de algunas semanas de estar en línea, misteriosamente fue borrado de nuestra página. Por suerte siempre hay archivos de respaldo.

Si atendemos exclusivamente a la calidad artística de la propuesta expositiva la experiencia es decepcionante. Por un lado, no existe un trabajo curatorial, lo que se evidencia en la heterogeneidad de las obras incluidas, en la homogeneidad de los formatos, en la simplicidad del montaje y en la ausencia de una reflexión sobre las relaciones que las imágenes establecen con el espacio expositivo y entre ellas mismas. Si a esto le añadimos la extrañeza y vacuidad del texto de presentación (más un agradecimiento personal que una reflexión/descripción de la proyecto) forzoso es concluir que la muestra se reduce a un conjunto de fotografías colgadas en las paredes de una sala vacía.

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